domingo, 18 de agosto de 2013

Canto gregoriano, ¿canto de Gregorio?

Aunque la tradición relacione sistemáticamente a S. Gregorio I con el repertorio monódico de la Iglesia romana, una aproximación a los hechos despojada de subjetivismos, nos permite encontrar que su acción concreta en el terreno litúrgico dista considerablemente de una normalización técnica o preceptiva de este repertorio musical.

No siempre la arqueología y la historia recorren los mismos caminos. En materia gregoriana, esto se demuestra de manera sencilla, en la consideración de los hechos acaecidos a principios de 1890, cuando dom André Mocquereau, entonces maestro de coro de Solesmes, marcha rumbo a Italia con la finalidad de visitar las bibliotecas de la península y fotografiar documentos que registran el gradual Iustus ut palma.

Dom Mocquereau estaba empeñado en acrecentar cuanto le fuese posible la cantidad de manuscritos disponibles de esta pieza, a fin de facilitar su estudio comparado, para la posterior publicación de su versión melódica restituida. La empresa pretendía demostrar el valor de los estudios benedictinos sobre el gregoriano como método único de recuperación del fondo melódico auténtico, en relación con lo dispuesto por la jerarquía eclesiástica. En efecto, en 1871, la Sagrada Congregación de Ritos había autorizado al editor Pustet de Ratisbona a re-editar la Medicaea, el gregoriano superviviente a la mensuración y a la era de la polifonía, aparecido en 1614, luego de idas y venidas, en las que incluso estuvo involucrado el célebre Palestrina (1).
 
OTRO CANTO ROMANO
 
Cuánto no fue la sorpresa de dom Mocquereau cuando encontró un tipo de cantilación que se practicaba en la liturgia papal hacia el siglo VIII y que melódicamente dista aún de ser el gregoriano que nosotros conocemos, aunque no es independiente a éste desde el punto de vista litúrgico (2). Este canto luego llamado vieux-romain, canto viejo romano o romano antiguo, no es atestiguado más que por tres manuscritos de escritura tardía: el gradual Roma (Bibl. Vat. Lat. 5319), el antifonario Londres (British Museum, add.29988) y el antifonario Roma (Arch. San Pedro B79), todos del siglo XII.
 

Folio del ms. Roma, Bibl. Vat. Lat. 5319 (s. XII)

Se presenta con un tipo melódico sencillo, más emparentado con las antiguas tradiciones locales que con nuestro gregoriano. Si consideramos que S. Gregorio I finalizó su pontificado en el 604, no resulta difícil entender que el gregoriano de hoy no puede ser indudablemente el canto que acaso él entonaba en San Juan de Letrán junto a sus cantores, y mucho menos el canto “genuino” de la Medicaea. Estaría más próximo en el tiempo y en la distancia al romano antiguo descubierto por dom Mocquereau.

La historia de las atribuciones es recurrente en la peripecia humana. En el caso de la música gregoriana y Gregorio I, la relación es justificable desde cierta lateralidad con este pontífice. El Sacramentario (libro de cantos a entonar por el celebrante) que se remonta a su época, su interés por la liturgia, y sobre todo una tradición milenaria que lo vincula a este repertorio monódico religioso, parece hoy ser tan indivisible como la paloma al oído que acompaña sus imágenes desde los frescos del Sacro Speco de Subiaco, hasta los mosaicos de S. Pablo Extramuros.
                                                                Enrique MERELLO-GUILLEMINOT, PhD




(1) A pesar de ser una verdadera caricatura del gregoriano, la edición neo-medicaea, dominó los últimos treinta años del siglo, como versión del genuinum cantum gregorianum, tal como fue presentado en su Decreto de aprobación.

(2) Cf. COMBE, Pierre: Histoire de la restauration du chant grégorien, d’après des documents inédits (Solesmes, 1969).