domingo, 31 de marzo de 2013

Leer gregoriano hoy

El problema de la interpretación de las grafías neumáticas ha generado en tiempos no muy lejanos dificultades de comprensión de la naturaleza gregoriana. El fruto de ello fue un gregoriano imaginario, acomodado al momento o a las teorías de toda índole.

Es sabido que el canto gregoriano ha utilizado desde el momento en que se empezaron a fijar sus melodías, un tipo de escritura denominada neumática. Y que esta denominación obedece a la presencia de los neumas, las formas gráficas para representar los tonos, semitonos, pero también la expresión que ha de imponerse a los mismos.

De la tradición oral, de maestro a discípulo, a la tradición escrita, la registración del gregoriano atravesó instancias diversas, de creciente determinación sonora, que empero fueron en detrimento del aspecto rítmico y expresivo. Sin embargo, el conjunto documental resultante de este proceso, valiéndose del método de la comparatio codicum, permitió restituir tanto sonido como expresión propia, dominios de la paleografía musical y de la semiología gregoriana, respectivamente.

Uno de los grandes méritos del Liber usualis de dom Mocquereau fue hacer accesible a todo público la lectura de los neumas gregorianos, preservando además de las teorías de mensuración - superabundantes en ese tiempo- lo que es uno de sus patrimonios más característicos: su sonoridad inmensurabilis, la ausencia de toda medida. El proemio de esta obra aborda el conjunto de signos relevantes, según las formas gráficas que había escogido dom Pothier para su Liber Gradualis  (1883),  los signos cuadráticos que reproducían casi fielmente aquellos utilizados en manuscritos del siglo XIV.
  
 
Fragmento del GR Universi (I domingo de Adviento) según el Liber Gradualis

 ¿TRANSCRIBIR  TRANSCRIPCIONES?

 El problema surge cuando se considera la rica variedad de la semiografía neumática más antigua, y la forma de adaptarla a la mente de un contemporáneo. Notada la melodía  in campo aperto en sus inicios, la pérdida de la memoria llevó a la paulatina incorporación de líneas, virtuales y luego reales, donde ubicar los neumas, con la consecuente pérdida gráfica, y con ello de cuanto su variedad representaba concretamente. Es notorio este fenómeno al contemplar los doce aspectos del torculus en los códices de la familia de St. Gall (siglos X-XI),  en relación con las opciones  que presenta la notación actualmente en uso.

Pero también las figuras cuadradas supervivientes a las líneas y a la imprenta, fueron sometidas a la crítica, en el pasado siglo. Y el diverso pautado, claves, formas gráficas, es decir toda la semiografía con que se preserva este repertorio, se procuró sustituir por el pentagrama y las figuras modernas. El resultado no satisfizo: las pérdidas siguieron acrecentándose, y aún se debió  recurrir a ciertos signos adicionales, tomados en préstamo precisamente de aquello que se pretendía sustituir (1).

Está claro que la disposición interior del ejecutante se corresponde a la realidad del signo que tiene frente a sí; no es casual que en la actualidad se busque interpretar la música de épocas antiguas directamente de las fuentes manuscritas. Más allá de ello, y para el caso específico del canto gregoriano, la lectura de los signos cuadráticos, crecientemente perfeccionados (2), y la herramienta invalorable que supone tener a mano las ediciones manuscritas, facilitan el camino a una ejecución objetiva y conformada a la mente de sus autores.

                                                                         Enrique Merello-Guilleminot, PhD

(1) Un intento de solución intermedia que no prosperó se propuso mediante neumas  cuadráticos escritos sobre un pentagrama en clave de sol en 2da. línea (Cf. Graduel dominical, ed. latino-francesa, Schola Cantorum de Paris & Bureau Grégorien de Grenoble, 1932).
(2) Cf. Liber Himnarius, Praenotanda, pp. xi-xvi (Abbaye Saint-Pierre de Solesmes, 1983)

miércoles, 6 de marzo de 2013

Metz, san Crodegango y el canto gregoriano

La figura de un obispo del siglo VIII está mucho más cerca de los orígenes históricos del gregoriano que el mismísimo papa Gregorio I.

Durante el desarrollo cultural impulsado por los monarcas carolingios, en los siglos VIII y  IX, se consolida el cristianismo en la  Galia. El vínculo entre Pipino el Breve y el papa Esteban II -quien por su “autoridad apostólica” lo ungiera rey en el 754, en sustitución de Childerico III, el último rey merovingio- señala el comienzo de una forma de  asociación entre el poder temporal y el espiritual que, salvaguardando sus mutuas áreas de acción, hizo de Roma un centro de autoridad moral, coexistente con los monarcas de turno.

Fruto de esa suerte de imperium christianum emergente y por iniciativa del propio nuevo monarca, es la reforma de la liturgia y el canto que la acompaña, empresa confiada a un culto aristócrata formado en el palacio por Carlos Martel: Crodegango, nacido en la zona de Liège hacia el 712 y fallecido el 6 de marzo de766.(1) Es la razón por la cual esta ciudad se constituye bajo su acción en uno de los más importantes centros musicales de la Galia y también de Europa entre los siglos VIII y XII. Y razón de que la divulgación y práctica del canto romano -el primer nombre que recibió el gregoriano-, haya debido utilizarse en todo el imperio, según prescripciones de Carlomagno del año 789, en sustitución del proveniente de los ritos antiguos, entonces en uso en la región: “Que todos aprendan el canto romano (...) y se suprima el oficio galicano, en vistas a la unidad con la sede apostólica”.(2)

 
Crodegango, o también Godegrand, Gundigran, Ratgang, Rodigang, Sirigang
en un vitral de la capilla Sainte-Glossinde de Metz.
 
MESINO, CAROLINGIO, GREGORIANO

La romanización de los usos litúrgicos del país de los francos involucraron a cantores y músicos mesinos destacados, entre los que sobresale Amalario  de Metz (775-853). Fueron ellos quienes llevaron adelante esta reforma de la música ritual católica, sobre la base del cantus gallicanus que floreció entre los siglos IV y VI, y del viejo romano. En lo general, el trabajo consistió en aplicar a las piezas del primitivo repertorio romano,  de uso litúrgico y organización ya determinados, elementos melódicos nuevos.

Por tanto,  el rito (y con éste el canto) introducido por Pipino el Breve y su hijo Carlomagno no es el rito papal, hoy denominado “romano antiguo”, sino el producto de una hibridación de éste con los ritos locales. Se trata, en efecto, de un verdadero trabajo de re-elaboración o de síntesis, expresado en la ecuación

“Antiguo romano” + Galicano = Canto gregoriano

La misma ha llevado a adjudicar a S. Crodegango la creación del canto gregoriano. La referencia a un escrito del año 886 o 887 de Notker Balbulus, monje de St. Gall, en donde se da cuenta que en el entonces, el canto eclesiástico se llama en su país canto mesino, podría echar luz sobre el tema. Sin embargo, la afirmación de que el gregoriano nació en Metz, conlleva la desatención del proceso anterior y de las fuentes universales de distintas procedencias que le dieron base material, tanto a la música practicada en Letrán o la que  utilizaba el culto galo. Por lo que sería más apropiado sostener que fue en Metz  donde se terminó de conformar el repertorio gregoriano en su funcionalidad, textos y forma melódica actuales.

                                                                            Enrique MERELLO-GUILLEMINOT, PhD


(1) De allí que el 6 de marzo precisamente, sea el día en que la Iglesia celebra su memoria. 
(2) Cf. Admonitio generalis, 23/03/789, N°80, citado por  Georges TESSIER: Charlemagne, p. 307, coll. “Le mémorial des siècles” dirigida por G. Walter (Albin Michel, Paris, 1967).